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Yeska en acústico

Os dejamos un resumen de la entrevista del Viernes pasado donde podeis escuchar un par de temas en acústico… disfrutadlos!

El pasado viernes tuvimos el placer de recibir aquí en Vallekas Puerto Cultural a los jóvenes y prometedores Yeska. Dando ya sus últimos coletazos, en acústico, con su primer trabajo “Diez ases en la manga”. Hablamos de su gira, colaboraciones, anécdotas y sobre todo de la preparación de lo que será su segundo disco. Os dejamos con dos temas extraído del acústico: “Acompañante” y un tema inédito.

http://www.radiovallekas.org/spip/spip.php?article1511

Acústico de Yeska en vallekas Puerto Cultural

Este viernes estaremos en Radio Vallekas, en el programa “Vallekas Puerto Cultural”, de 6 a 7 de la tarde, tocaremos algunas canciones en acústico y nos harán una entrevista. Podéis escucharlo desde la página web de Radio Vallekas.

Vienen desde Ciudad Real, son un grupo de puro rock and roll, de los que te alteran la sangre y que se pueden poner a la altura de los grandes. Su sonido es directo, guitarrero y contundente muy en la línea de Barricada, Caskarrabias o Desastre sin olvidar ese punto de punk ochentero que tanto nos gusta a muchos. Este viernes 16 de 6 a 7 de la tarde estarán en el programa Vallekas Puerto Cultural realizando un acústico. ¡¡¡No te los pierdas!!!…..y encima gratis….

Enlace a Radio Vallekas: http://www.radiovallekas.org/spip/spip.php?article1498

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El Perdedor Frustrado

Nuevo relato de Antonio, voz y guitarra de Yeska, publicado el blog Hankover (Resaca), Disfrutadlo!

Le quedaban mal los trajes. A menudo se lo decían, pero le daba igual. Si iba a cualquier sitio iba con traje. Los tenia de todos los colores. Él no lo decía, pero todos olían a reciclaje de contenedor. Algunos a humedad de armario, antiguos trajes que un día vivieron la gloria.

Se las daba de triunfador, aun estando en la calle achicharrado por dentro, por el calor de un vino peleón y con el culo a dos grados bajo cero sobre fría acera. Seguía creyendo que tenía posición o que la volvería a tener. Se creía un jet-set con putas de lujo y oro, como antaño, cuando era jefe de una gran empresa que fabricaba vehículos para el ejército. Se puede decir que se le daba bien el negocio de la guerra y que, por desgracia, no se lo arruino la añorada paz mundial. Ni a él ni a nadie. No. Todavía no. En pleno siglo XXI sigue siendo “el negocio”. La guerra da dinero, dinero manchado de traición y hambre. Dinero robado a quien no tiene ni para una barra de pan. Dinero sucio y maldito. Puto dinero.
Su corazón tenía la marca del dinero, como las maquinas de tabaco. Tenía un desconchón que se hizo callo y no había estropajo que lo suavizara. Lo tenía todo, a su manera, y vivía como quería. Sin remordimientos de ¿conciencia?, ¿Eso qué mierda era?, eso no era nada importante entre sus pañuelos de seda.
Le sabían a crucigrama los contratos. Disfrutaba de los encargos como el que disfruta de un paseo mañanero por la estampa primaveral. Disfrutaba vendiendo y comprando. Disfrutaba negociando, consumiendo, engañando. Distrayendo y camuflando. Haciendo más fuertes los principios básicos del capitalismo sin escrúpulos.

Lo tenía todo al alcance de su mano: desvío de fondos, complicidad, suerte y amigos con tricornio. Pero la suerte puede venir de buenas y de malas, y pensar en el karma es para los fracasados. Lo suyo no era para pararse a pensar. Los suyo eran las gallinas, que de equipar al gallo ya se encargaban sus esbirros, esos a los que la lucha obrera les sonaba a chino, esos putos lameculos de mierda que trabajaban diez horas al día (porque no les dejaban mas) y que no lo ponían de hijo de puta ni en el bar. Ni en la vida. Esa vida que no tenían, que no querían. La vergüenza del sabotaje, un insulto a la lucha de clases, unos domingueros del tres al cuarto que hablaban de su equipo de futbol con la primera persona del plural… esos que se quedaron sin el paro ni antigüedad cuando la empresa se vio obligada a cerrar.
Y es que todo iba bien, la moneda siempre sacaba la cruz de otros, de los perseguidos, de los humillados, de la parte sucia y explotada del mundo. Bien para el negocio, bien para él. Parecía que la sagrada estrategia no podía fallar hasta que cayó el imperio.
No fallaron los vehículos en plena guerra, no, ni mucho menos. Eso estaba de sobra controlado. Pero en plena guerra a alguien le había llamado la atención el asunto del opio, alguien con buena mano en los vuelos militares. Las guerras están llenas de intereses y cada uno se lo guisa a su manera: unos nos dicen que buscan algo que no existe. Otros dicen, sin cortarse, que van a por petróleo. Hay otros que imponen su credo a golpe de metralla, y otros ponen las armas.

El caso es que descubrieron el veneno, pero no al mensajero. O si, pero esta vez había alguien que era más grande que aquel fabricante de blindados. Los gobiernos no quisieron participar, oficialmente, pero si a su manera. Había que culpar a alguien y le toco a él, le toco a su empresa y les toco a las familias de los trabajadores. Se esfumaron los contratos para limpiarle la cara al ministerio de defensa. Imagen. Lo que nos enseñan por la tele no era la verdad, pero a esto ya nos vamos acostumbrando.
2.000 y pico obreros a la calle, una minoría se rebeló sin conseguir nada, puesto que al firmar el contrato negabas el derecho a sindicatos, otros se conformaron con las migajas, como siempre, con el paro y con un ridículo finiquito, de esos que cuando te los dan, dan ganas de decirles que se queden con el cambio.
La pirámide se derrumbo, las cosas grandes son mas difíciles de tirar pero cuando caen hacen más ruido, mucho más ruido…

Nunca le quedaron bien los trajes. Sabia cuales le quedaban pequeños, pero no sabía nada de los grandes.
Sabemos que está vivo por el movimiento de persianas de las ventanas del cuarto donde vive, por lo menos es suyo, pero la cruz de la moneda ahora está en su contra… El vicio gasta, y eso lo llevaba de serie, pero antes de fundir toda la herencia del viejo, parece que tuvo un punto de cordura y sensatez y se compro un techo. Un cuartucho que bien podría servir de trastero en un bloque de pisos, al fin y al cabo siempre le gusto rodearse de ratas.
Ahora trabaja la calle, en todos los sentidos, en todos los oficios. Dando tumbos por la patria que cayó, soñando con volver a estar en el ojo del huracán. Pero no. Ya no.

Si la dignidad se paga es porque no es digna, por muy grande que sea la suma. Por muy pequeño que sea el detalle.
Hace poco, y con la educación que dictan sus ideales, vino presumiendo de traje, decía que era nuevo (nuevo, mis cojones) hablaba en pesetas y batallitas, de días de gloria, se las da de importante. Pero a casi todos los cerdos le llega su San Martin, y para lucir guapo un traje hay que tener clase, principios y una solida base en eso que tú nunca aplicaste, que nunca te interesó… ¿Cómo era? A si, el respeto. Esa es la base.

 

Enlace al blog: http://hankover.blogspot.com/2012/02/elperdedor-frustrado-por-antonio.html

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Felicidades Marcos Ana

Hoy Marcos Ana cumple sus primeros 92 años, Desde aquí te mandamos muchísimas Felicidades, sigue así de bien, de auténtico, libre. Sigue enseñándonos el camino, como hasta ahora, y que tu nombre nunca se borre de la historia. Salud!

Aprovechamos el 92 cumpleaños de Marcos Ana para hacer un poco de memoria, como le gusta él, y a nosotros, y a todas esas personas que están convencidas de que esta “democracia” está construida sobre esos cadáveres de inocentes que hoy siguen en las cunetas.
Ayer, Publico.es estreno el nuevo video y documental de nuestros compañeros de Boikot, justo un año de que nosotros estrenásemos algo similar sobre Marcos y todos los presos que tuvieron que soportar la humillación de los golpistas.
¡Que sus nombres nunca se borren de la historia!
Salud.

Boikot: http://www.publico.es/culturas/417543/boikot-al-olvido-rock-al-servicio-de-la-memoria-historica

Yeska: http://www.publico.es/especiales/memoriapublica/356904/me-transmite-mucho-mas-marcos-ana-que-cualquier-politico

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Vivir para los demás es la mejor manera de vivir para uno mismo

Hoy hace 50 años que Fernando Macarro Castillo, más conocido como Marcos Ana (seudónimo formado con los nombres de sus padres), salió de la carcel. Este hombre, símbolo viviente de la lucha y la resistencia antifascista, fue el preso político que más tiempo permaneció encarcelado. Al acabar la guerra fue detenido y torturado. Se le juzgó en dos ocasiones y las dos salió con una condena de muerte. Conoció su amor por la lectura y la poesía en la prisión de Burgos, desde donde sacó sus poemas de forma clandestina.

Tengo la friolera de 87 años, aunque, como digo siempre, esos son años de edad. De vida tengo 64, que son los que quedan al restar los 23 que pasé en la cárcel. Entré con 19 años en mayo del año 1939 y salí en el año 1962 con 42. Soy la persona que más tiempo seguido ha pasado en las cárceles franquistas.
Yo procedo de una familia muy humilde. Mis padres eran campesinos sin tierra y analfabetos. Cuando tenía seis años, nos trasladamos a Madrid y nos afincamos en Alcalá de Henares. Allí viví mi adolescencia y mi juventud hasta que comenzó la guerra. No pude ir al colegio, ya que mi familia no tenía recursos y enseguida me tuve que poner a trabajar. O sea, que yo estudié prácticamente las cuatro reglas, como se decía entonces. Mis padres no pertenecían a ningún partido. Eran profundamente católicos. Eran tan sumisos que cuando pasaba el amo hacían la señal de la cruz, como si se tratara de un representante de Dios en la tierra. Por ese motivo yo en mi infancia era católico y, en mi adolescencia, más de una vez me sangraron las rodillas de hacer penitencia en las iglesias. Un día, sería el año 35, con quince años, asistí con un grupo de jóvenes católicos a un mitin de las Juventudes Socialistas en Alcalá para repartir nuestra propaganda. Me quedé escuchando lo que decía el orador y me di cuenta de que aquel hombre estaba hablando de mí, de mi casa y de mis problemas. Me empecé a interesar por lo que aquella gente decía. Pasé por un proceso de transición muy difícil. En esta época, a lo mejor durante el día estaba vendiendo los periódicos de las Juventudes Socialistas pero después no me acostaba sin hacer mis oraciones. Acabé afiliándome y, durante la guerra, me pasé al Partido Comunista. Todavía continúo defendiendo las mismas ideas. Hemos cometido muchos errores, sin embargo mi corazón sigue en el mismo sitio.
Al empezar la guerra, la JSU formamos un batallón al que llamamos batallón Libertad. Yo, con 16 años, era la mascota. Fuimos a la zona de Peguerinos, en la sierra de Madrid. A los pocos meses el ejército se regularizó, y a los menores nos enviaron a casa. Entonces me dediqué al trabajo político en Alcalá. Fui secretario general de esa comarca hasta el año 38. Ese año, los jóvenes tuvimos la idea de movilizar a los menores de edad. Organizamos dos divisiones de lo que se llamó Voluntarios de la Juventud. De vez en cuando aparecía el padre de algún chico y se lo llevaba de allí a caponazos. Era increíble, ¡chicos de 15 y 16 años movilizados! Cuando cumplí los 18 años me incorporé al ejército. Fui comisario político en una unidad. Después fui instructor de la juventud en el Ejército del centro hasta el final de la guerra. Se corrió la voz de que quienes tuviéramos responsabilidades políticas debíamos concentrarnos en el puerto de Alicante, porque nos iban a sacar de España. Nos concentramos a miles, pero nuestros barcos nunca llegaron. Los que llegaron fueron los de Franco. Y la División Littorio, que llegó por tierra. Nos atraparon a todos. Me llevaron al campo de prisioneros de los Almendros y, a los pocos días, me trasladaron al de Albatera, de donde me escapé, lo que resultó relativamente fácil ya que había muchísima gente. Conseguí llegar a Madrid y me escondí en casa de un amigo. A los pocos días un confidente me entregó a la policía. Me cogieron por ingenuo y por impaciente. En pleno año 39 estaba tratando de organizar la resistencia, contactando con los amigos. Uno de los que llamé se había hecho confidente y me denunció.

Me llevaron a la cárcel de Porlier, un antiguo colegio. Muchas veces me paseo por ahí y veo un espectáculo que me recuerda a nuestra época. Las madres van a buscar a sus hijos y eso me recuerda a cuando nuestras familias iban a recoger nuestros paquetes o a llevarnos los suyos. También iban a buscar los cuerpos de los que habían sido fusilados. Muchas veces las madres llegaban con el paquete y se tenían que volver. «No, señora, su hijo ha sido fusilado». Yo estaba condenado a muerte, lo habitual en esos días. Hasta tal punto, que cuando la gente iba al consejo de guerra al volver estábamos todos esperándoles para saber que condena traían. A lo mejor venían con los ojos llenos de lágrimas: «¡Treinta años! ¡Treinta años!».Y te abrazaban, porque traer treinta años de condena era una suerte, era evitar el fusilamiento.
Desde el principio empezamos a montar una organización clandestina en la prisión. Una organización muy cerrada y muy opaca. Cada miembro conocía sólo a dos compañeros, el que te pasaba las cosas y al que tú se las pasabas. En el año 43 creamos un periódico al que llamamos ‘Juventud’, destinado a mantener el ánimo de los presos y a mantenerlos informados. Estaba primorosamente hecho, incluso llevaba dibujos. Un día sorprendieron a un chico leyéndolo. El chico confesó y yo entonces decidí entregarme para evitar que cayera más gente. Estuve casi un mes en la Dirección General de Seguridad, donde me torturaron cruelmente. Me machacaron vivo, pero no delaté a nadie. La tortura es una pelea extremadamente difícil. Llega un momento en que temes por tu razón. El problema es que mientras tú estás bien, aunque te machaquen, si tienes moral, lo soportas. Lo malo es que pasa el tiempo y empiezas a temer, Por qué dices: «¿Pero hasta dónde voy a controlar mi cabeza?» Mi fortaleza era imaginarme mi vuelta a prisión. A mí, en la prisión, todo el mundo me quería. Me llamaban el chaval porque era de los más jóvenes, y todos me conocían. Yo pensaba:«Si vuelvo sin haber entregado nada, después de haber salvado la situación y habiendo resistido, ¡joé!, la gente me va a comer a abrazos. Pero ¿y si vuelvo después de haber hablado? No me voy a atrever a mirar a nadie a la cara, seré como un pelele, siempre solo en un rincón del patio» Eso era lo que me daba fuerza. Después de estas torturas, me condenaron por segunda vez a muerte. Cuando las penas de muerte se conmutaron por treinta años, a mí me cayeron sesenta.
Un día, cuando me encontraba en la Dirección General de Seguridad tirado en la celda, lleno de sangre y hecho un guiñapo, de repente sentí que me lanzaban un papel por el ventanuco. A rastras, como pude, cogí el papel. Era un retrato de Lenin, que alguien había arrancado de algún libro. Nunca supe quién me lo mandó. Lo cierto es que, para mí, desde ese momento, fue como si yo ya no estuviera solo. Como si alguien estuviera vigilando y controlando mi situación y mi comportamiento. Tenía el retrato enterrado bajo la arenilla del suelo de mi celda. Cuando bajaba, lo desenterraba y hablaba con él: «Mira, camarada, cómo me han puesto, pero no temas, que yo tendré fuerza suficiente para defender al partido». Un día, estando en el calabozo, oí unos gemidos y me asomé por el ventanuco de mi puerta. Vi que traían en brazos a un preso al que habían torturado. Me di cuenta de que aquel hombre estaba entregado. Que ya había confesado algo y que estaba vencido. Yo, que era todavía un niño, tenía 21 o 22 años, desenterré el retrato de Lenin y le dije: «Tú sabes que por nada del mundo me desprendería de ti, pero te necesitan en la celda número 27».Cuando me sacaron al servicio, pasé delante de su celda y le tiré la foto. Parecerá un milagro, pero al día siguiente, cuando oí que venía este preso, me asomé y observé que venía andando por su pie y en su mirada había una luz tensa y distinta a la del día anterior. Aquel hombre se había rehecho. Recibir la fotografía lo resucitó. Años después, en la cárcel de Ocaña, oí a un hombre contar la historia. Entonces me di a conocer. «¡Yo soy el que te pasé la foto!» Me confirmó que ya había denunciado a alguien y que, cuando se encontró con el retrato, se golpeaba contra la pared, desesperado. Muchos años después, en Moscú, visitando el museo de Lenin, Yeltsin me enseñó el papel en el que yo escribí esta historia junto a la famosa fotografía de Lenin con un pionero en la Plaza Roja. Se lo enseñaban a todos los españoles.

En la prisión, en un primer momento, lo único importante era sobrevivir, hasta el punto de que en Porlier, al poco tiempo de entrar, no quedaba ni un hierbajo en el suelo. Las hierbas del patio las cogíamos, las metíamos en agua a hervir y nos las comíamos como podíamos. Muchas mañanas te encontrabas con que, no sólo faltaban los compañeros que habían fusilado, sino que también muchos aparecían muertos a tu lado, de hambre o de frío. La situación cambió coincidiendo con el fin de la Guerra Mundial. Nuestras familias se habían rehecho y nos podían ayudar. Europa pudo volver sus ojos a España y se empezaron a organizar comités de amnistía, socorro popular… Y comenzó a llegar algo de esta solidaridad, que nos ayudó a sobrevivir.
En esa época empezamos a estar más tranquilos y más alimentados y gracias a eso empezamos a organizarnos mejor. Éramos como un estado dentro de otro estado. Montamos clases clandestinas. Teníamos cientos de libros escondidos. Era muy fácil introducir libros en la cárcel. Lo difícil era mantenerlos ocultos. Lo que hacíamos era coger de entre los libros de la biblioteca de la cárcel, casi todos religiosos, el libro más parecido al que queríamos camuflar. Desencuadernábamos los dos libros, cogíamos las tapas del libro legal con las cien primeras páginas, que era donde aparecían el sello de la cárcel y las firmas del director y del capellán e íbamos intercalando cien páginas de nuestro libro y cien del otro y así sucesivamente. Como teníamos buenos artesanos, componíamos de nuevo el libro que, por fuera, era La historia de Santa Genoveva y, por dentro, El capital. Teníamos de todo, y todo clandestino. Había una escuela de pintura e incluso organicé una tertulia literaria en los últimos tiempos. También hacíamos una revista, que sacábamos de la cárcel y que se reproducía y se difundía fuera.
La cárcel fue mi universidad. Conocí a mucha gente. Coincidí con Buero Vallejo y con Miguel Hernández entre otros muchos. Miguel Hernández era una persona entrañable, murió de franquismo en la prisión de Alicante en el año 42. Unos años después le hicimos uno de nuestros homenajes: Esperábamos a la noche, a que cerraran las galerías. Entonces montábamos un pequeño escenario con mantas y sábanas. En las ventanas algunos presos se dedicaban de la vigilancia y así, en el silencio terrible de la cárcel, hacíamos los homenajes. El de Miguel Hernández lo titulamos Sino sangriento, que es el nombre de uno de sus versos. Tenía tres actos, con los nombres de tres de sus libros: El rayo que no cesa, Vientos del pueblo, que trata de la guerra y Cancionero y romancero de ausencias, que era el de la cárcel. Unos narradores relataban los hechos y una pequeña banda de música se colocaba detrás del escenario con sus instrumentos realizados con los palos de las escobas y con cosas así. Era muy ingenioso: se cortaba un trozo de escoba de caña. Unas gomas sujetaban un papel de fumar en cada punta y se le abrían unos orificios. Sólo con eso salía una música preciosa, que era como un zumbido, pero muy bonito. Una cosa tremenda. Esa bandita, compuesta por cuatro o cinco personas, iba poniendo música a determinados pasajes. Cuando los locutores contaban la parte de la guerra de España y de los soviéticos se oía La Internacional. Con los franceses y André Martí… se oía La Marsellesa. Los mexicanos con Siqueiros y tal… Se oía La Cucaracha. Todo a media voz. Se titulaba Homenaje a voz ahogada a Miguel Hernández. Fue algo impresionante, en medio del silencio de la prisión. De vez en cuando, oías el «alerta» de los centinelas desde las garitas. Toda la noche: «¡Alerta el uno!, ¡Alerta el dos!, ¡Alerta el tres!» Eso se hacía para que el cabo de guardia supiera que no se había dormido ninguno de los centinelas. Hicimos otros homenajes a Rafael Alberti y Neruda. Creo que jamás se podrá concebir un homenaje más emocionante que éste.
Ésta fue mi escuela y la de mucha gente, y así pasé los años de prisión. Hoy miro aquello casi con nostalgia, «¡Joder, aquélla fue una de las épocas más hermosas de mi vida!» Sabías que el futuro te pertenecía, aunque estuvieras sufriendo y te pudieran llenar la cabeza de plomo, aunque te tocara caer, pero nos parecía que el futuro era nuestro. Se vivía con esperanza. El talón de Aquiles del preso era la familia. Si veías a alguno triste, preocupado, andando solo por el patio, es que su familia tenía algún problema.

Empecé a escribir en la década de los cincuenta. Todo empezó porque me sacaron de la galería y me llevaron castigado a celdas. Allí estaba aislado. Los funcionarios te sacaban el petate por la mañana y no te lo devolvían hasta la noche para que fuera imposible tumbarse durante el día. Entonces los compañeros, los destinos, que eran quienes barrían y hacían la limpieza, se encargaban de introducir comida o lo que fuera en el petate antes de devolvértelo. Una de las veces me metieron unas hojas arrancadas de libros de Rafael Alberti y de Neruda. Las manoseaban antes para que el sonido del papel dentro del colchón fuera imperceptible, porque los guardias a veces lo inspeccionaban para ver si notaban algo raro. Releí aquellas hojas más de mil veces, y eso me creó un clima un poco particular, que hizo que empezara a escribir con un pequeño lapicero que me habían pasado. Cuando salí de celdas me animaron a continuar diciéndome que lo que había escrito estaba muy bien. Lo sacamos al exterior, como el náufrago que lanza un mensaje al mar en una botella sin saber si va a llegar a algún destino. No le di más importancia. Tiempo después, llegó un paquete de México, en el que nos mandaban revistas y otras cosas que nuestras familias nos pasaban clandestinamente. Entre todas esas cosas, venía un librito mío, con ocho o diez poemas. Aquello me hizo pensar que esta era una forma más de ayudar a que la gente comprendiera nuestra situación. Entonces pensé que debía adoptar un nombre para firmar mis cosas. Pensando en mis padres me puse Marcos Ana. A mi padre lo habían matado en la guerra y mi madre murió, la pobre, cuando me condenaron por segunda vez a muerte. Anduvo deambulando por la puerta del penal de Burgos intentando verme. No lo consiguió. La encontraron muerta en una zanja. Poco a poco empecé a contactar con los poetas en el exilio. María Teresa León y Rafael Alberti, se valieron de que Paco Rabal pasaba por Buenos Aires y le dieron una pequeña nota, que me pasaron dentro de un tubo de pasta, que decía: «Cuéntanos algo de tu vida». Entonces les compuse un pequeño poema:

Mi vida
os la puedo contar en dos palabras:
Un patio
y un trocito de cielo donde a veces pasan
una nube perdida y algún pájaro
huyendo de sus alas.

A partir de aquel poema, que titulé Mi corazón es patio, empecé a ser conocido fuera de las cárceles. En el extranjero la campaña en mi defensa fue muy fuerte. Entonces el Gobierno promulgó un decreto, según el cual las personas que llevaran más de veinte años ininterrumpidos en prisión serían excarceladas. Fue una cosa insólita, ya que fui el único al que le afectó. Normalmente, nadie estaba en prisión más de veinte años o, como mínimo, se entraba y se salía cumpliendo la condena en dos o tres veces. Pero yo estaba condenado a sesenta años y fui el único que salí de la cárcel gracias a ese decreto.
Cuando conseguí la libertad a finales de 1961, salí en los periódicos de todo el mundo. Fraga, que entonces estaba en el Ministerio de Información y Turismo, reaccionó con un folleto que se titulaba: Marcos Ana, asesino, en el que me atribuían todo lo que había pasado en Alcalá de Henares durante la guerra. Si eso hubiera sido cierto, me hubieran fusilado muchos años atrás. De todas maneras, sólo puedo agradecérselo, porque eso me dio todavía más publicidad.
Sabía que el aparato clandestino francés iba a venir a buscarme. Estuve unos días en Madrid, en casa de mi hermano, hasta que vino a buscarme un matrimonio francés. Querían que me aprendiese de memoria mi nombre en francés, pero yo ni me aprendía mi nombre ni nada. Entonces, la mujer me puso una bufanda, me tapó un poco y salimos. El coche era de una marca importante y el hombre iba ataviado con gorra y uniforme de chofer. La mujer se sentó detrás conmigo y, cuando llegamos a Irún, le dijo al guardia: «Por favor, dése prisa porque mi marido está enfermo». Y así, con pasaporte falso, pasamos la aduana. Cuando llegué, lo primero que hice fue organizar el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE) presidido por Picasso, pero dirigido por mí. Había muchísima gente: Yves Montand, Piccoli, Jean Paul Sartre, Jean Cassou… Desde allí empecé a organizar las campañas de solidaridad internacional. He viajado por casi todo el mundo. Mi vida ha sido muy intensa y apasionante. Me ocurrieron cosas muy graciosas. Siempre he parecido mucho más joven de lo que soy. Salí de la cárcel con 41 años, pero sin embargo parecía que tenía veintitantos. En una ocasión, había ido a Inglaterra para pronunciar una conferencia en el parlamento. Me acompañaba un intérprete, que era un ex brigadista, profesor de español que tenía lesiones de guerra y estaba cojo, e iba con un bastón. Tendría 45 años, pero estaba muy envejecido. Cuando nos hicieron pasar, yo, como siempre he sido nervioso, entré deprisa, subiendo la escalera a gran velocidad. Me extraño que nadie se moviera cuando aparecí en el escenario. Cuando, unos segundos después, entró el intérprete con su bastón, cojeando, todo el mundo se puso en pie, aplaudiendo. Para un inglés era inconcebible que yo, que parecía un jugador de rugby, hubiera estado 23 años en la cárcel, torturado y condenado a muerte, tenía que ser el otro, que iba con su bastoncito.
Estas conferencias nos permitieron dar a conocer nuestra lucha. Solían preguntarme qué había sido lo más difícil. Lo más difícil para mí, después de tantos años de prisión, fue la libertad. Yo en la cárcel sabía vivir. Era como un pedazo más de aquellas piedras. Lo difícil fue salir a los 41 años, después de 23 encarcelado. Fue como si me hubieran abandonado en un planeta extraño. Para mí fue una cosa tremenda: la adaptación a la vida, a la libertad… Fue lo más difícil. Al principio, vomitaba los alimentos, no podía subir a los vehículos, incluso los ojos se me enrojecieron, puesto que el nervio óptico, en la prisión, se va retrayendo. Como se tienen paredes o muros delante en todo momento, se acostumbra a enfocar siempre cerca, y va perdiendo facultades. Si estaba en una habitación o en una calle donde hubiera edificios altos, la vista se protegía y estaba tranquilo. Pero cuando salía al campo me mareaba, como si me hubieran puesto unas gafas que no eran mías. Fue un tiempo difícil, porque no conocía y no entendía muchas cosas del mundo al que había salido. Tenía conciencia de que era un ser adulto, pero, al mismo tiempo, tenía la candidez y la inexperiencia de un adolescente. Por ejemplo, nunca había estado con una mujer. Cuando salí en libertad, uno de mis amigos vio que me quedaba atontado mirando a las mujeres por la calle. Salimos una noche juntos a un cabaret y él pensó que lo que más ilusión me haría sería irme con una mujer. De modo que cogió a una chica, le dio mil pesetas y le dijo: «Toma, para que te vayas con mi amigo». Cuando me quedé a solas con esa chica, yo quería que me tragara la tierra, porque no sabía cómo comportarme. Ella se creía que estaba borracho y cuando intentó devolverme el dinero, tartamudeando, le conté lo que me sucedía. Que había pasado 23 años en la cárcel, no conocía a ninguna mujer y ésa era mi primera experiencia sexual. Ella me dijo: «Mira, yo voy a perder contigo unos cuantos miles de pesetas».Dimos un paseo. Luego me llevó a cenar a la Torre de Madrid. Lloró conmigo cuando le contaba las cosas de la prisión. Recuerdo que me besaba las manos llorando. Le hablaba de un mundo que ella desconocía. Luego fuimos al hotel. A pesar de mi timidez y de todas mis inhibiciones, esa mujer consiguió con una ternura y una humanidad extraordinarias que yo hiciese el amor por primera vez.
Me despertó por la mañana. Había traído chocolate con churros. Me marché a casa con un nudo en la garganta, sabiendo que esa noche no tendría dinero para volver con ella. Al llegar, descubrí en mi bolsillo las mil pesetas y una nota que decía: «Para que vuelvas esta noche». Estuve todo el día haciendo tiempo, deseando que llegaran las ocho o las nueve de la noche para poder ver de nuevo a esa mujer. Pero, poco a poco, me fue asaltando la idea de que si la veía se iba a romper el encanto de la noche anterior. Esas mil pesetas las había ganado ella, y, si iba a verla con ese dinero, yo iba a tratarla como una prostituta, es decir, que yo iba a prostituirla más. Decidí no ir, pero continuamente sentía la necesidad de volverla a ver. Me decía: «Qué importa. Ella conoce todas las noches a cuatro o cinco o diez hombres. ¡Qué le importará a ella!» Mientras deambulaba, pasé por delante de una floristería y, sin pensarlo demasiado le dije a la mujer: «Mil pesetas de flores». Hicimos un ramo enorme, y lo dejé en el hotel con una tarjeta con su nombre, Isabel Peñalva. No la olvidaré nunca.

En el CISE, en París, estuve hasta que murió Franco. Bueno, en realidad no volví hasta finales del 76, porque yo fui de los últimos a los que proporcionaron el pasaporte. Cuando volví a España, me tuve que ir inmediatamente a Burgos, a encabezar la lista de diputados comunistas en esta provincia, como símbolo de los miles de demócratas que habían dejado su vida en el penal de esta ciudad. No salí elegido, ya que Burgos era muy difícil. Luego, el partido me puso al frente del departamento de Solidaridad Internacional. Se decía: Ayer por España; hoy España por los pueblos. Yo me sentía un hijo de la solidaridad y quería devolver la solidaridad que a mí me habían prestado en la cárcel y en el exilio.
Al comienzo de la guerra, es justo reconocer que en los dos bandos se cometieron actos descontrolados. Cuando las pasiones están desatadas, es comprensible que puedan ocurrir algunas cosas. Es cierto que se quemaron iglesias y que la gente estaba descontrolada. Sin embargo, a partir del año 37, la cosa se controló y esos actos no se produjeron más. Esto no tiene comparación con lo que pasó en el otro bando. Esta gente ganó la guerra y durante cuarenta años mantuvo un ideario gubernamental cuyo objetivo fue exterminar al enemigo. Lo que hicieran durante la guerra es justificable, pero después se dedicaron a arrancar hasta las raíces del enemigo. Hubo miles de fusilados. Un exterminio total.

 

http://buscameenelciclodelavida.blogspot.com/2011/11/marcos-ana.html

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A mi aire

Nuevo relato de Antonio, voz y guitarra de Yeska, publicado el blog Hankover (Resaca)

Brindaba el idiota con un whisky a mi salud, mientras yo me despeinaba sin hacerle reverencias, sin darle la espalda, simplemente caminaba hacia otro punto distinto de aquel bar. Él me miraba con sus mugrientas palabras en la boca impregnando el ambiente con su etílico aliento, mientras manoseaba su cerveza arrancándole con saña las etiquetas de Mahou, siendo mi mano, en el lenguaje de signos, un adiós que creía definitivo. Y no entendía, ni por esas, que mi sitio elegía, ni que mi espacio vital era de un estilo muy distinto al que él utilizaba para conquistarlo, y que además, dejando a un lado los artículos posesivos propios y de cada uno, era su juego, un juego al que yo no tenía ganas de jugar…

Así que, siguiendo mi camino, me adentre entre aquella veintena de personas que andaban arreglando el mundo sobre un charco de la aleación que formaban el whisky, con el tequila, la granadina, la coca sin cola (en los servicios), la coca cola light con el Kalimotxo, las cascaras de pipas, el sudor y la gasolina… creando un pequeño riachuelo que por sus orillas me llevase a encontrar mi sitio perfecto en aquel oscuro garito de decoración anticuada y cutre, nada de vintage, donde el polvo era auténtico y no una mezcla creada con productos de pintura para dar aspecto de viejo, donde las cortinas roñosas se las había comido el tiempo y el suelo de madera rota se sabía de sobra las suelas de todos los zapatos.

Tenía su encanto, se masticaba el blues, y el personal encendido, esa noche estaba siendo digno de atención por los tres camareros que aquella madrugada de invierno, disfrutaban de la noche, sin exceso de trabajo, entre los ruidos de los vasos contra la barra de madera y sin posavasos, el rechinar de las piedras en los mecheros que encienden porros y cigarrillos y aquel  murmullo silencioso que se mezclaba, sin molestar, con los aullidos violentos del Señor HowlinWolf, a veces, con Míster Robert Johnson y su Sweet home chicago… Un día de esos en que el Barman puede permitirse el lujo de compartir conversación, a ratos, con la alegre clientela. Sin faltar la educación, sin peleas, sin ruidos molestos… a gusto.

En esos detalles andaba yo, en esos pequeños detalles. Pero, de repente, cuando creía que me había librado de su insufrible y agotadora borrachera, y estaba disfrutando de ese ambientillo embaucador y profundo, estando inmerso en mis pensamientos y disfrutando como me apetecía de mi tiempo de ocio, resulto ser… Que no.

Note sus dedos índice y corazón chocar con dos golpecitos sobre mi hombro, y al volverme me encontré con su sonrisa entre las barbas, y la continuación de aquella historia dejada de la mano de Dios sobre un lio de faldas que me contaba entre risas y babas.

– Así te lleven amortajá pa tu tierra, hija de puta… Bla bla blà…

Seguía lamentándose y maldiciendo con o sin razón, y soltando ese tipo de lindezas para criticar a una que no estaba por allí presente, y que –había deducido- era más astuta y zorra que él. Se lo hacía como solo él sabia: como el capullo que era en ese momento. No dudo que, fuera de esa descomunal borrachera, fuese un tipo con el que se podría hablar, pero yo que, en esos momentos, no tenia ningunas ganas de bañarme en su saliva, ni de sufrir sus grados, ni de mierdas, empezaba a sentir ese calorcillo mosqueante que te hace dudar entre lo que debes de hacer, pero que te dice muy claro lo que no quieres hacer,  así que pedí mi ración de ginebra con tónica y le dije al oído:

-Me importa tres cojones tu mierda de lío, o de problema, o de historia, o lo que sea. Cosas más dolorosas hay en el mundo a montones, ¿Tu sabes lo que a mí me gusta compañero?

Hizo una negación con la cabeza, abrió mucho los ojos con curiosidad y expectación, mientras se le escurrían las gafillas por la nariz y acariciaba su barba bohemia, de leñador.

-Lo que a mí me gusta es moverme a mi aire, así que… ¡AIRE!

Por un momento me temblaron las piernas, lo reconozco, e incluso me dio un poco de pena, pero lo mejor que podía hacer era ir a su casa dando tumbos y dormir la mona, y a la mañana siguiente, con un poco de suerte, se levantaría de la cama como un autentico campeón, y ese día, si él quería, yo lo escucharía, una, dos e incluso tres horas. Pero hoy no. Ni de coña.

Al oír mis palabras se dio media vuelta, pero se volvió una vez mas y dijo adiós con la mano sin cambiar el gesto de la cara y sin más… Se piró.

Y yo me quedé en mi nube de humo mezclado con fragancias de hierba, de hachís y de tabaco, juntando el hielo con  mis labios, encendiendo un cigarrillo  y saboreando una vez más ese agradable sabor amargo, sorbo a sorbo, sin creerme todavía que esa noche, deshacerme de ese borracho de turno que existe en todos los bares del mundo, fácilmente y sin broncas, se había marchado. Me quedaba solo con mi pequeño remordimiento y el olor a serrín, pero había triunfado. Ahora sí, los genios del blues tocaban y los disfrutaba, y entre las cuerdas de sus guitarras no existían interferencias que cortaran sus hazañas, y mi sensación era única, y ese bar, un sitio perfecto para encontrarme conmigo mismo.

Antonio Abengoza (YESKA)

 

http://hankover.blogspot.com/2011/10/mi-aire-antonio-abengoza-yeska.html

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Relevo generacional en la Música

Artículo de opinión para la web Zona Ruido sobre el relevo generacional en la música por Antonio Abengoza (Yeska), Moro de Censurados y Javi Sonotones.

Relevo generacional en la música Por Antonio Abengoza

Estamos en Septiembre, el mes que da fin al verano, de las vacaciones y los festivales… el mes que da la señal para volver a la rutina. Este Septiembre se me pide escribir sobre un tema que suele convertirse en debate cuando nos juntamos unos cuantos de cada grupo, es un tema muy típico y con muchísimas opiniones. Si el deporte favorito de los españoles es arreglar el mundo, el de los músicos es arreglar el mundo… de la música, y el Ring de combate suele ser bastante parecido.

Todo debe de sufrir cambios, los relevos generacionales son tan necesarios en la música como en todo, pero para que haya relevo debe de haber calidad.

A finales de los años sesenta el Rocanrol era parte de aquella revolución de jóvenes que estaban hartos de la forma de vivir de sus padres, simplemente vivían el momento y la bandera que empuñaban tenia dibujada la lengua de los Stones. Luego llego el Punk, a finales de los 70, y el movimiento se hizo música. Aquí, en la península, tuvimos eso que se llamo el Rock Radical Vasco, tan fiero y autentico como todo lo guiri y yanqui que hoy seguimos escuchando. El rock estaba en la calle, la banda sonora de la acción directa callejera era el Rock, el Punk… toda la música que era capaz de decir lo que se sentía y como se sentía la gente de a pie, la de la calle, la que andaba camino del Inem a regatear el subsidio.

También tuvimos la gloriosa “Quinta del 92” que hoy, para suerte de algunos y desgracia de otros, aún siguen estando por ahí, dando bolos, sacando discos, buscándose la vida y sobreviviendo en definitiva.

Las canciones de estos movimientos de los que hablo son las que hemos recogido nosotros, los grupos que estamos empezando y que cada vez lo tenemos más duro. En ningún momento mi opinión ha sido la de que estas bandas grandes no nos dejan hueco a las pequeñas, ¿alguien se va a cuestionar que Bob Dylan deba de dejar los escenarios? Todos queremos ver a Bob Dylan.

Los grupos de antes deben de seguir ahí siempre que tengan algo que ofrecer. Una de las metas de un músico siempre debe ser la de hacer su próxima canción mucho mejor que la anterior, seas el más grande o el que menos. Un grupo no puede nacer para vivir de ello, eso depende de la gente, un grupo debe de centrarse en su mensaje, en divertirse… y en que no lo traten como la mercancía que se nos cree muchas veces.

El Hip-Hop de aquí ha demostrado que si que puede haber un cambio generacional y bueno, centrándose en el presente, pero el Rock, por desgracia, creo que sigue anclado en el pasado, repitiendo mil veces las consignas que ya dijeron otros. Las modas que vienen ya han sido muchas veces repetidas y eso no puede ser bueno. Hay que luchar por la innovación, haz lo que te gusta pero hazlo tuyo, ¿Quieres tocar Blues? Bien, toca Blues, pero toca tu Blues, toca lo que a ti te salga. Canta sobre tu época, ya cantaron otros lo que te gustaría cantar.

Miren al presente señores y canten sobre él, cuéntenoslo, hagan que nos sintamos reflejados en sus canciones, porque el pasado fue grandioso y el futuro… No future.

Para ver el artículo entero pinchad en el siguiente enlace: http://www.zonaruido.com/a3Bandas/2011/237/Relevo-generacional-en-la-musica.html